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Ciclismo | Tour de Francia

El gran Valverde

El murciano ganó en Peyragudes y Wiggins se aseguró el Tour.

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A PULSO. Alejandro Valverde afronta las últimas rampas de Peyragudes entre el pasillo del público. Anduvo 121 kilómetros escapado, los últimos 35, en solitario.

Valverde ganó ayer en Peyragudes pero no dejemos de gritar vamos. Ánimo. Continúa. No te detengas ahora. En caso de darnos por satisfechos, también se podría conformar él, su equipo, su entorno. Su palmarés es espléndido, especialmente para quien ha estado dos años parado: cuarto triunfo en un Tour, una Vuelta, dos Liejas, clásica de San Sebastián, Flecha Valona, Dauphiné, dos platas y un bronce en Mundiales... Con la de ayer, 65 victorias como profesional. Mucho más de lo que soñaría cualquier buen ciclista, pero menos de lo que debería haber ganado un corredor con tanto talento.

Cómo decirlo. Valverde no es menos que Wiggins, y la comparación es aceptable porque prácticamente nacieron en la misma fecha (el español es sólo tres días más viejo, 32 años ambos, tauro). Antes de que Wiggins saliera de la pista, Valverde ya era un corredor total, capaz de ganar al sprint y de afrontar carreras de tres semanas (con 23 años fue tercero en la Vuelta). Si Wiggins ha conseguido reinventarse, debería resultar mucho más fácil que Valverde lograra recuperar la memoria. Ayer recordó.

Su victoria culminó el zafarrancho que preparó Movistar desde el inicio de la etapa: Costa, Cobo, Plaza... Al igual que sucede con Valverde, hablamos de un equipo pensado para objetivos más grandes.

Para consolidar la escapada fue necesario que Valverde expulsara a Nibali de la fuga. El italiano había enlazado en el peligrosísimo descenso del Col de Menté y aceptó dócilmente su papel de carabina. De modo que se dejó atrapar. Cuesta creer que campeones como Hinault, Fignon o Contador hubieran hecho lo mismo. Nunca. Jamás sonriendo.

Valverde se marchó en solitario en Ballès mientras Liquigas vigilaba el GPS. Tras él, un goteo de fugados, con mención especial para los tres ciclistas del Euskaltel que quisieron corresponder al aliento de su afición: Egoi, Izaguirre y Azanza. Tampoco olvidemos la pugna de Voeckler y el sueco Kessiakoff por el maillot de la montaña, finalmente propiedad del maravilloso histrión.

Clave. La victoria de Valverde pareció segura hasta que se movieron los favoritos. Reventó Zubeldia, saltó Van den Broeck y cedió Nibali. Se reagruparon y tiró Wiggins. Tan fuerte que sólo le aguantó Froome. Entonces, a dos de meta y a 45 segundos de Valverde, Froome tomó unos metros de ventaja, no más de veinte. En ese momento miró hacia atrás como si le abrasara la conciencia, o como si esperara permiso; tal vez fue una demostración de fortaleza y obediencia.

De haber sido libre, es probable que Froome hubiera ganado la etapa. Su ventaja habría rondado el minuto y la carrera seguiría viva hasta mañana. El mundo real es distinto. Wiggins agarró el Tour con las dos manos y Valverde le pegó otro lametazo. Ojalá le guste.