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Tour de Francia | Bradley Wiggins

El rey del velódromo que dejó la cerveza

Bradley Wiggins es un extraño en el podio provisional del Tour. Se ha colado en la tercera posición detrás de los dos monstruos, el deportivo y el mediático. Este inglés de 29 años también lo es en la pista, la del velódromo y la del baile. Los dos oros olímpicos en Pekín 2008 en persecución individual y por equipos dieron fuste a sus otras medallas en Atenas 2004 (una de cada) y en Sydney 2000 (a sus 20 años, bronce en persecución por equipos). Sería interminable enumerar el perfil de triunfos en los velódromos. "Es tan bueno allí como bebiendo cerveza", dicen los que le conocen y que quizá algún día se lo hayan encontrado en su pub de confianza en Londres, el Duke of York.

Bradley se cansó de parecerse a Boardman, el recordman de la hora y siempre favorito a los prólogos. Este invierno ha apartado la cerveza de su dieta y ha perdido siete kilos para poder ser más ágil en montaña. Nació en Bélgica por lo que el amor por la bicicleta no sólo le viene marcado en el ADN por el pasado pistard de su padre.

"No me quiero embalar", dijo ayer Bradley después de completar la persecución de su vida: perder sólo 1:06 con Contador en 8,7 kilómetros de ascensión. El Garmin corre por y para él. Para el hombre que ostenta la Orden del Imperio Británico y al que cualquier día coronarán como Sir por sus hazañas en la bicicleta. "Voy día a día. No pienso en el futuro. Sólo repito en mi interior: tiene que ir a tope".

Se toma la vida como una vuelta al velódromo. A toda prisa. Está en su mejor momento. Y debe aprovecharlo. Porque en Inglaterra está Boardman que le está diseñando bicis a las que solamente les faltará volar. Serán para él. Wiggins será la estrella del Sky la próxima temporada, el nuevo equipo de financiación británica para los Wiggins, Millar, Cavendish y quién sabe si Flecha. Todo el cielo para él.